Para caminar por los Pirineos, no basta en absoluto con sentirse de humor vagabundo y con tener el sentido de la improvisación. Para lograr una bella evasión de la vida cotidiano, además de hacer trabajar las piernas, hay que saber utilizar ciertos instrumentos especialmente destinados a los caminantes: por una parte los mapas, por la otra, las guías.
Cierto es que hay muchos de los senderos que están bien señalizados pero también quedan muchos otros sin marcar, tanto fáciles como difíciles. Los mapas, además de inscribir un recorrido en un espacio dado, permiten darse cuenta de la situación general. Si uno conoce el vocabulario para descifrarlos, podrá evolucionar evitando correr riesgos inútiles, consultar en dónde se está (indispensable si amenaza tormenta), y también permiten optar por variantes y variaciones.